Testimonio Estefi

Estefi

Me llamo Estefi, actualmente tengo 33 años.
Me diagnosticaron LMC con 27 años en una revisión médica del trabajo.
La verdad que fue un golpe muy duro. Estaba de vacaciones en Mallorca cuando el médico de la empresa me llamó para decirme que tenía que ir de urgencia a algún hospital.
Como vivo en Madrid, al día siguiente cogí un barco y un tren y me dispuse a volver a casa.
Por suerte, en la vida siempre aparecen pequeños ángeles que te hacen la vida más fácil y en ese momento, en mi vida había uno que hizo que el proceso fuese rápido y que me sintiera en familia.
Aquí no puedo más que agradecer a mis tios, primas y abuelos que estuvieran sosteniendo mis miedos y mi mano.
El diagnostico llegó un 29 de febrero, día internacional de las enfermedades raras, qué ironía.
El diagnóstico fue duro. Mi primera pregunta al oncologo fue: me voy a morir verdad?
Tendríais que haber visto la cara de mi tio en ese momento.
El momento de empezar con el tratamiento, glivec, tampoco fue fácil. Tantos efectos secundarios, tanta información... me senté a esperar los efectos secundarios, que por suerte han sido pocos aunque muy molestos.
Es dificil asimilar un diagnóstico así y más cuando no conocemos a qué nos enfrentamos, pero hay profesionales muy muy buenos y yo he tenido la suerte de dar con dos de ellos. Nunca olvidaré las palabras de mi oncólogo: La pastilla es el 50% de tu tratamiento, tu actitud ante la enfermedad el otro 50.
Y ahí que fui, con mis días, miedos nuevos y ansiedades. Pero paso a paso y rodeada de la gente que tenía que estar y estuvo.
La verdad que el camino no es sencillo, pero a los 9 meses ya teniamos la enfermedad controlada a todos los niveles. Gracias a la ciencia!!!!
Ahora, después de 6 años me están empezando a retirar la medicación. Miedos nuevos a los que volver q enfrentarse. Pero con ganas de seguir y de contar con los angeles que poco a poco van apareciendo por tu vida y poniendo un poquito más de color.
No puedo decir que ha sido todo sencillo, muchos miedos desaparecen aunque en mi caso me he vuelto un poquito hipocondriaca (en mi defensa diré que mi médico de cabecera y psicólogo dicen que es un proceso normal).
Como siempre he dicho: me ha tocado bailar con el más feo, qué le vamos a hacer. Pero aún así, habrá que disfrutar del baile.

Y no puedo olvidarme de dar las gracias a mis compañeros de batallas. Sin ellos, esta batalla hubiese sido en solitario. Gracias.

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