Tratamiento

Su tratamiento


Hoy en día el tratamiento de un paciente con LMC se basa en la administración de un inhibidor de la tirosincinasa (ITK). Estos agentes se distinguen de las terapias antineoplásicas clásicas porque son capaces de atacar exclusivamente a determinadas células cancerosas sin dañar las células normales.
En los pacientes con cifras iniciales de leucocitos muy elevadas es habitual administrar hidroxiurea durante unos días para reducir estas cifras y poco después iniciar el tratamiento con un ITK.

Estos agentes consiguen el total control de la enfermedad en casi el 90% de los pacientes y esta respuesta se suele mantener durante muchos años, siendo frecuentes las respuestas moleculares (desaparición en mayor o menor grado del oncogén BCR/ABL en los controles de seguimiento). Esta efectividad y su escasa toxicidad han hecho que estos agentes, a pesar de no permitir la curación de la enfermedad, hayan desplazado totalmente al trasplante alogénico de médula ósea como tratamiento inicial de la LMC ya que, si bien es curativo, se trata de un procedimiento asociado a una considerable morbi-mortalidad. Por ello el trasplante se reserva para los pacientes jóvenes en fases avanzadas de la enfermedad o para aquellos que no responden o pierden la respuesta a los ITK.



Fuente: Fundación Josep Carreras.