de Leucemia Mieloide Crónica

"Elegir bien los alimentos puede marcar la diferencia entre sentirse débil o tener la energía suficiente para sobrellevar los tratamientos y el día a día"
¿Qué es la dietoterapia y por qué importa tanto en la Leucemia Mieloide Crónica?
Por Ráquel Sánchez, dietista integrativa especializada en nutrición y cáncer.
La dietoterapia es el uso estratégico de la alimentación como parte del tratamiento de la enfermedad. No se trata solo de “comer saludable”, sino de aplicar conocimientos científicos sobre nutrición clínica para diseñar dietas específicas adaptadas a la condición de cada paciente. Esta herramienta no reemplaza los tratamientos médicos, pero los complementa al proporcionar al cuerpo los nutrientes necesarios para enfrentar el proceso de curación.
Los principios de la dietoterapia incluyen:
• Personalización de la dieta según edad, sexo, peso y otros factores.
• Asegurar el aporte de macro y micronutrientes esenciales.
• Minimizar los efectos adversos del tratamiento médico.
• Estimular el apetito y mejorar el bienestar general del paciente.
En el contexto de la LMC, la dietoterapia se convierte en un pilar fundamental del enfoque integral, ayudando al cuerpo a tolerar mejor los fármacos, mejorar el estado nutricional y, sobre todo, a mantener la fuerza física y emocional del paciente.
Objetivos principales de la dietoterapia en LMC
Los objetivos de la dietoterapia en pacientes con Leucemia Mieloide Crónica van mucho más allá de “comer bien”. Se trata de estrategias muy concretas, ajustadas a las necesidades del paciente en función de su estado de salud, su tratamiento y su estilo de vida. Aquí están los principales propósitos:
1. Apoyar el tratamiento farmacológico: Algunos alimentos pueden mejorar la absorción de ciertos medicamentos, mientras que otros podrían interferir. Por eso, una dieta bien planificada es crucial.
2. Prevenir la malnutrición: La fatiga y los efectos secundarios del tratamiento pueden provocar que el paciente coma menos, lo que lleva a una pérdida de peso no deseada.
3. Reducir síntomas y efectos adversos: La dieta puede ayudar a controlar problemas comunes como náuseas, estreñimiento, diarrea o mucositis.
4. Mantener la fuerza y la energía: Es vital que el paciente tenga la energía suficiente para llevar una vida lo más normal posible durante el tratamiento.
5. Promover la salud emocional: Una alimentación balanceada también puede influir en el estado de ánimo y reducir la depresión o ansiedad asociadas al diagnóstico.
El objetivo final de la dietoterapia es mejorar la calidad de vida del paciente y aumentar la efectividad del tratamiento médico.

Alimentos recomendados en LMC
En pacientes con Leucemia Mieloide Crónica, elegir bien los alimentos puede marcar la diferencia entre sentirse débil o tener la energía suficiente para sobrellevar los tratamientos y el día a día. Una dieta rica en alimentos naturales y densos en nutrientes ofrece múltiples beneficios, desde mejorar el sistema inmunológico hasta reducir la inflamación y los efectos adversos del tratamiento.
Aquí te comparto los principales grupos de alimentos que deberían estar presentes en la dieta de un paciente con LMC:
• Frutas y verduras frescas: Son la base de una dieta antiinflamatoria. Las frutas como los frutos rojos, cítricos, manzanas y uvas están cargadas de antioxidantes, vitamina C y compuestos bioactivos que ayudan a proteger las células. Las verduras de hoja verde (espinaca, kale, acelga) son excelentes por su alto contenido de ácido fólico, hierro y fibra.
• Proteínas magras: El cuerpo necesita proteínas para reconstruir tejidos, mantener la masa muscular y apoyar el sistema inmunológico. Las fuentes más recomendadas incluyen pollo, pavo, pescado (especialmente salmón y sardina, por su contenido en omega-3), huevos y tofu. También se pueden incluir legumbres como lentejas y garbanzos.
• Cereales integrales: Aportan energía de liberación lenta y ayudan a regular el sistema digestivo gracias a su alto contenido en fibra. Avena, arroz integral, quinoa y pan integral son excelentes opciones.
• Grasas saludables: Las grasas buenas no solo aportan energía, sino que también combaten la inflamación. Aguacate, nueces, almendras, aceite de oliva extra virgen y semillas de chía o linaza deben formar parte habitual de la dieta.
• Líquidos y caldos nutritivos: El consumo adecuado de líquidos es vital, y los caldos caseros de vegetales o huesos pueden ofrecer nutrientes clave cuando el apetito es bajo o hay malestar digestivo.
Incluir estos alimentos de manera equilibrada y variada es esencial para que el paciente no solo obtenga los nutrientes necesarios, sino también para mantener el placer por la comida, algo que a menudo se pierde durante el tratamiento.
Alimentos que deben evitarse
Así como hay alimentos altamente recomendables para los pacientes con LMC, hay otros que deben limitarse o evitarse por completo, ya que pueden interferir con el tratamiento, debilitar el sistema inmunológico o provocar inflamación y malestar general.
Estos son los principales alimentos que se recomienda reducir o eliminar:
• Azúcares refinados y dulces ultraprocesados: El exceso de azúcar está relacionado con un aumento de la inflamación en el cuerpo, lo cual puede ser perjudicial en pacientes oncológicos. Además, los dulces industriales, gaseosas, galletas y bollería aportan calorías vacías sin ningún valor nutricional real.
• Alimentos ultraprocesados: Embutidos, comidas precocinadas, snacks envasados y productos “instantáneos” suelen contener aditivos, conservantes, grasas trans y sodio en exceso. Estos productos no solo tienen escaso valor nutricional, sino que pueden agravar síntomas como la retención de líquidos o el estreñimiento.
• Alcohol: El alcohol interfiere con muchos medicamentos utilizados en la LMC, incluyendo los inhibidores de la tirosina quinasa. Además, debilita el sistema inmunológico y puede aumentar la toxicidad hepática, sobre todo cuando se combina con fármacos de alta potencia.
• Carnes rojas y procesadas en exceso: Aunque una pequeña porción ocasional puede ser aceptable, su consumo frecuente está relacionado con procesos inflamatorios. Se recomienda optar por carnes blancas o pescado como fuente principal de proteína animal.
• Lácteos enteros en exceso: Algunos pacientes presentan intolerancia o digestiones lentas con los lácteos grasos. En esos casos, se puede optar por versiones deslactosadas o alternativas vegetales fortificadas con calcio y vitamina D.
Reducir estos alimentos no significa que la dieta deba volverse aburrida o restrictiva. Todo lo contrario: se trata de priorizar lo que el cuerpo necesita y evitar lo que le hace daño, como si estuvieras afinando un instrumento para que suene mejor.

Dietas específicas recomendadas en LMC
Cada persona con LMC es única, pero hay patrones dietéticos que han demostrado ser especialmente beneficiosos para este tipo de pacientes. No se trata de seguir una dieta de moda, sino de adoptar un estilo de alimentación sostenible, nutritivo y adaptado a las necesidades del paciente.
Entre las más recomendadas encontramos:
• Dieta mediterránea: Rica en frutas, verduras, legumbres, pescado, aceite de oliva y frutos secos. Tiene propiedades antiinflamatorias y antioxidantes, lo que la convierte en una excelente opción para personas con enfermedades crónicas como la LMC. Además, es sabrosa y culturalmente fácil de adaptar.
• Dieta antiinflamatoria: Similar a la mediterránea, pero con un énfasis especial en alimentos que reducen la inflamación como los frutos rojos, el té verde, el jengibre, la cúrcuma y el pescado azul. Esta dieta evita los azúcares añadidos, las harinas refinadas y las grasas trans.
• Dieta basada en plantas: No implica necesariamente volverse vegano, pero sí darle protagonismo a los alimentos vegetales (legumbres, verduras, frutas, cereales integrales, semillas). Estos alimentos ayudan a alcalinizar el cuerpo, mejorar la función digestiva y promover la desintoxicación natural.
Cualquiera de estas dietas debe adaptarse a las condiciones individuales del paciente, incluyendo sus niveles de energía, peso, apetito y tolerancia digestiva. Por eso es importante contar siempre con la guía de un nutricionista clínico especializado en la LMC.
Interacción entre medicamentos y alimentos en LMC
Uno de los aspectos más delicados en el tratamiento de la Leucemia Mieloide Crónica es la interacción entre medicamentos y alimentos, un tema que muchas veces se subestima. En especial, los pacientes que reciben inhibidores de la tirosina quinasa (ITK) —como imatinib, dasatinib o nilotinib— deben tener mucho cuidado con lo que comen, ya que ciertos alimentos pueden aumentar o reducir la eficacia del tratamiento, e incluso causar efectos secundarios no deseados.
Por ejemplo, el jugo de toronja (pomelo) es bien conocido por interferir con muchas medicaciones, y los ITK no son la excepción. Esta fruta contiene compuestos que inhiben una enzima llamada CYP3A4 en el hígado, la cual es responsable de metabolizar muchos fármacos. Si esta enzima no funciona correctamente, los niveles del medicamento en sangre pueden aumentar peligrosamente, provocando toxicidad.
También es importante tener precaución con los suplementos herbales, como la hierba de San Juan (Hypericum perforatum), que puede reducir la concentración de algunos medicamentos oncológicos en el organismo, disminuyendo así su efectividad. Incluso productos “naturales” o “caseros” pueden alterar el metabolismo de los fármacos, por lo que nunca se deben consumir sin antes consultar al oncólogo o nutricionista clínico.
Algunos consejos clave en esta área son:
• Tomar los medicamentos siempre a la misma hora y, si se indica, junto con alimentos para mejorar su absorción o evitar náuseas.
• Evitar bebidas alcohólicas y zumos cítricos fuertes si el tratamiento lo contraindica.
• Leer siempre las etiquetas de suplementos y consultar cualquier duda con profesionales de salud.
• Mantener una dieta estable y no introducir cambios bruscos sin supervisión.
En definitiva, el tratamiento farmacológico no actúa en un vacío. Lo que comes puede potenciarlo o sabotearlo, y conocer esta relación es vital para que la medicación funcione correctamente.
Importancia de la hidratación
La hidratación es otro pilar fundamental en el tratamiento de la LMC que muchas veces se pasa por alto. Mantener un buen nivel de líquidos en el cuerpo ayuda al correcto funcionamiento de los riñones, facilita la eliminación de toxinas, mejora la digestión y combate la fatiga, que es uno de los síntomas más comunes en pacientes con leucemia mieloide crónica.
Durante el tratamiento con ITK, el organismo puede verse sometido a un estrés adicional, y los riñones juegan un papel clave en la eliminación de los metabolitos del fármaco. Si no hay suficiente agua en el cuerpo, el riesgo de toxicidad renal aumenta.
Consejos para una buena hidratación en LMC:
- Beber al menos 8 vasos de agua al día, más si hay fiebre, sudoración excesiva o diarrea.
- Incorporar infusiones suaves como manzanilla, menta o jengibre, que además pueden ayudar con las náuseas.
- Evitar bebidas azucaradas, energizantes o con cafeína en exceso.
- Si el agua sola no resulta apetecible, se pueden consumir aguas saborizadas naturales (con rodajas de frutas o pepino).
- En caso de vómitos o diarrea, se recomienda utilizar sueros orales o bebidas con electrolitos, bajo supervisión médica.
- Una hidratación adecuada no solo mejora el estado físico, sino también el estado mental, ayudando a mantener la concentración y el ánimo, lo cual es vital para seguir con el tratamiento de forma efectiva.

