de Leucemia Mieloide Crónica

Durante el mes de MARZO 2026, el tema que trataremos dentro del calendario 2025-2026 de nuestro programa online girará en torno a la Comunicación con la Familia.
Consulta en nuestra página de Apoyo Psicológico, las fechas en las que se impartirán las actividades y el contenido del Programa.
Si quieres participar en el taller de febrero, léete este contenido e inscríbete para participar en la reunión online del 26/03 a las 18.00h, conéctándote a la reunión abierta y gratuita mediante este enlace de zoom.
El taller será impartido por Soledad de Linares Fernández, Psicóloga Experta en Psicooncología.
PROGRAMA ONLINE APOYO PSICOLÓGICO.
Impartido por la Psicóloga Experta en Psicooncología y CP, Soledad de Linares Fernández
Marzo: ¿Estoy reaccionando "Normal”? señales de ajuste y señales de alarma
1. La pregunta que casi todos se hacen
Después del diagnóstico hay muchas preguntas médicas. Pero hay una que rara vez se formula con claridad y, sin embargo, acompaña durante meses, a veces años: “¿Lo que me pasa es normal?”
No suele aparecer el primer día. Surge más adelante. Cuando la vida empieza a reorganizarse. Cuando el tratamiento ya forma parte de la rutina. Cuando aparentemente “todo está controlado” y, aun así, algo por dentro sigue moviéndose.
Algunas personas se inquietan porque sienten demasiado. Otras porque sienten poco. Hay quien se desborda antes de cada analítica y quien consigue pasar semanas enteras sin pensar en la enfermedad, para luego sentirse culpable por ello. Hay quien se enfada con facilidad y quien se sorprende por una tristeza que aparece sin motivo claro.
Lo que desconcierta no es la emoción en sí. Es la duda:
¿Estoy reaccionando bien? ¿Debería estar ya más tranquilo? ¿Por qué hay días en los que retrocedo?
La primera idea importante es esta: no existe una forma correcta y única de reaccionar ante una enfermedad crónica. Existe un proceso de adaptación, y cada persona lo recorre con su propio ritmo y con su propia historia emocional.
2. La adaptación no es una línea recta
Muchas veces imaginamos la adaptación como un trayecto ordenado: impacto inicial, ajuste progresivo y, finalmente, estabilidad. La realidad es más compleja.
La adaptación se parece más a una marea que a una escalera. Hay momentos de calma y momentos de agitación. Hay semanas de equilibrio y días en los que todo parece volver a removerse.
Es frecuente que, tras una etapa de tranquilidad, una revisión médica reactive el miedo. O que una conversación familiar despierte tristeza que parecía ya integrada. Esto no significa fracaso ni retroceso. Significa que el proceso sigue vivo.
El sistema emocional no funciona por fases cerradas. Funciona por activaciones. Y cada activación tiene sentido.
3. Entender nuestras emociones: cuatro señales básicas
Para comprender si estamos reaccionando de forma ajustada, es fundamental entender qué son las emociones y qué función cumplen.
Podemos hablar de cuatro emociones básicas que suelen estar especialmente presentes tras un diagnóstico: miedo, tristeza, enfado y, aunque a veces sorprenda, alegría.
• El miedo: la emoción de la protección
El miedo aparece cuando percibimos amenaza. Ante una enfermedad, el miedo no es una reacción exagerada: es una respuesta adaptativa. Nos mantiene alerta, nos impulsa a informarnos, a seguir indicaciones médicas, a cuidarnos. Es normal sentir miedo antes de una analítica o ante un cambio de tratamiento. El miedo moderado ayuda a prepararnos. Se vuelve problemático cuando es constante, desproporcionado o paralizante. Si el miedo fluctúa según las circunstancias y permite seguir funcionando, suele formar parte de un ajuste saludable. Si ocupa todo el espacio mental y no deja descanso, puede estar indicando sobrecarga.
• La tristeza: la emoción de la pérdida
Toda enfermedad implica pérdidas: de certezas, de planes, de la sensación de invulnerabilidad. La tristeza aparece cuando algo importante ha cambiado. Llorar, sentir nostalgia por la vida previa al diagnóstico o experimentar momentos de desánimo no es señal de debilidad. Es una forma de procesar lo que se ha perdido. La tristeza cumple una función: nos invita a parar, a reflexionar, a reorganizar prioridades. Se vuelve preocupante cuando es persistente, intensa y se acompaña de pérdida sostenida de interés por todo lo demás.
• El enfado: la emoción del límite
El enfado suele generar culpa. Muchas personas se reprochan estar irritables o sentirse injustamente tratadas por la vida. Sin embargo, el enfado cumple una función esencial: marca límites. Aparece cuando percibimos injusticia, frustración o invasión. En el contexto de la enfermedad puede surgir hacia el propio cuerpo, hacia la situación, incluso hacia los demás. Esto no significa falta de adaptación. Significa que la persona está intentando recuperar sensación de control. El problema no es sentir enfado. El problema es cuando se vuelve explosivo, constante o deteriora relaciones importantes.
• La alegría: la emoción que sorprende
A veces genera desconcierto experimentar alegría tras el diagnóstico. Hay quien se pregunta si es “normal” poder reír, disfrutar o desconectar. La alegría también forma parte del proceso. No invalida la gravedad de la situación. Al contrario, indica que el sistema emocional mantiene flexibilidad. Poder disfrutar de pequeños momentos es un indicador de que la enfermedad no lo ha ocupado todo.
4. Ajuste saludable: cuando hay movimiento
Un ajuste emocional saludable no implica ausencia de malestar. Implica capacidad de movimiento.
Hay ajuste cuando:
• Las emociones cambian según el contexto.
• Existen momentos de descanso mental.
• Se mantiene cierta capacidad de disfrute.
• El funcionamiento cotidiano, aunque alterado, sigue presente.
• La identidad no queda completamente absorbida por la enfermedad.
Puede haber ansiedad, pero no constante. Puede haber tristeza, pero no permanente. Puede haber enfado, pero no descontrolado. La flexibilidad es la clave.
5. Señales de posible desajuste: cuando todo se rigidiza
Conviene prestar atención cuando:
• La ansiedad es diaria e intensa.
• El insomnio se mantiene durante semanas.
• La mente no descansa nunca de pensamientos relacionados con la enfermedad.
• Se reduce progresivamente el contacto social.
• Aparece pérdida sostenida de interés.
• El consumo de alcohol o fármacos se convierte en estrategia de regulación.
Aquí no hablamos de días difíciles. Hablamos de un patrón mantenido que empieza a limitar la vida. La diferencia entre adaptación y desajuste no está en la emoción concreta, sino en su intensidad, duración e impacto funcional.
6. La identidad y el riesgo de quedar reducido a la enfermedad
Un indicador sutil pero importante de desajuste es cuando la identidad empieza a estrecharse. Cuando la conversación interna se reduce a “soy paciente”.
Cuando otras dimensiones (profesional, familiar, social, personal) quedan desplazadas.
La adaptación saludable implica integrar la enfermedad en la identidad, no sustituir la identidad por la enfermedad.
7. Pedir ayuda no es fracasar
Existe todavía la idea de que acudir a apoyo psicológico significa no estar sabiendo adaptarse. Esta creencia es errónea y, en muchos casos, retrasa intervenciones necesarias. La salud emocional forma parte del proceso de tratamiento. Pedir ayuda no es dramatizar ni exagerar. Es actuar con responsabilidad. Intervenir a tiempo previene cronificaciones innecesarias.
8. La normalidad no es perfección
Tal vez el mayor alivio venga de entender esto: reaccionar “normal” no significa reaccionar bien todo el tiempo. Significa que el sistema emocional está intentando reorganizarse. Significa que hay altibajos. Significa que el miedo, la tristeza, el enfado y la alegría cumplen funciones distintas en momentos distintos.
La adaptación no es un estado fijo. Es un proceso dinámico que puede reactivarse ante nuevas pruebas, cambios de tratamiento o acontecimientos vitales. Lo importante no es eliminar las emociones difíciles. Lo importante es que no se conviertan en el único paisaje posible.
Adaptarse no es dejar de sentir. Es poder sentir sin perderse a uno mismo en el proceso.

Las preguntas cerradas
1. ¿Es normal sentirme desbordado/a aunque “todo esté yendo bien” a nivel médico?
Sí. La estabilidad clínica no implica estabilidad emocional. El cuerpo puede estar respondiendo al tratamiento mientras la mente sigue procesando lo ocurrido. Es habitual que aparezcan momentos de miedo, hipervigilancia o tristeza incluso en fases de buen control.
Se considera parte de un ajuste saludable cuando estas emociones fluctúan, no te paralizan y puedes seguir funcionando en tu día a día.
Conviene pedir ayuda si el desbordamiento es constante, si aparece sensación de pérdida total de control o si interfiere de forma significativa en el sueño, el apetito o la relación con los demás.
2. ¿Es normal tener días de tristeza intensa sin un motivo concreto?
Sí. La tristeza no siempre necesita un desencadenante puntual. En procesos de enfermedad crónica es frecuente que aparezcan “olas emocionales” aparentemente espontáneas.
Es una reacción adaptativa cuando permite conectar con la pérdida, descansar, reflexionar y después recuperar cierto equilibrio.
Es señal de alarma cuando la tristeza es persistente la mayor parte del día durante semanas, cuando se acompaña de desesperanza mantenida o pérdida de interés generalizada.
3. ¿Es normal estar más irritable o enfadarme con facilidad?
Sí. El enfado es una emoción básica que suele aparecer cuando sentimos amenaza, injusticia o pérdida de control. En contextos de enfermedad, la irritabilidad puede ser una forma de expresar frustración.
Forma parte del ajuste cuando puedes identificarla, expresarla sin dañar y después regularte.
Preocupa cuando el enfado es explosivo, frecuente, genera conflictos continuos o se vuelve la emoción predominante.
4. ¿Es normal querer aislarme y no tener ganas de hablar con nadie?
Sí, en determinados momentos. El aislamiento puntual puede ser una estrategia de autoprotección y descanso emocional. No todo retiro es patológico.
Es saludable cuando es temporal y elegido, y después puedes volver a conectar.
Es una señal de alerta cuando se vuelve permanente, cuando evita cualquier contacto significativo o cuando responde a sentimientos intensos de inutilidad o vergüenza.
5. ¿Es normal sentir miedo incluso cuando intento ser “fuerte”?
Sí. El miedo es una emoción básica orientada a la protección. Intentar no sentirlo suele intensificarlo. La fortaleza no consiste en eliminar el miedo, sino en reconocerlo y manejarlo.
Es adaptativo cuando te ayuda a estar atento y tomar decisiones prudentes.
Se convierte en problema cuando el miedo es constante, anticipatorio, genera evitación extrema o síntomas físicos persistentes (insomnio grave, crisis de ansiedad repetidas).
6. ¿Es normal que mis emociones cambien mucho de un día a otro?
Sí. La variabilidad emocional es frecuente en situaciones de incertidumbre prolongada. Alegría, tristeza, miedo y enfado pueden alternarse en un mismo periodo sin que eso indique inestabilidad patológica.
Es parte de un ajuste sano cuando, a pesar de los cambios, mantienes cierta coherencia en tus decisiones y relaciones.
Es importante consultar cuando la inestabilidad es extrema, impredecible y afecta gravemente al funcionamiento cotidiano.

Actividad mensual marzo
“Reconocer para regular: trabajando con nuestras emociones
Si lo prefieres, descarga el PDF de la actividad
Objetivo: Aprender a identificar con claridad las emociones básicas que aparecen en nuestro proceso de adaptación y desarrollar estrategias concretas para manejarlas de forma saludable. Encontraras, al final de este documento, una tabla para poder realizar la actividad de forma mas sencilla
No queremos juzgar la emoción, sino aprender a reconocerla con precisión. Muchas veces decimos “estoy mal” cuando en realidad estamos sintiendo miedo. O decimos “estoy nervioso” cuando lo que predomina es tristeza. Poner nombre reduce confusión y baja activación.
Parte 1. Identificar la emoción dominante
Durante una semana, te propongo detenernos una vez al día (siempre en el mismo momento, por ejemplo, por la noche) y completar este breve registro.
Paso 1: ¿Qué emoción ha predominado hoy?
Marca una:
• Miedo
• Tristeza
• Enfado
• Alegría
Paso 2: ¿Dónde la he notado más?
• En el cuerpo (tensión, cansancio, nudo en el estómago…)
• En los pensamientos (preocupaciones, recuerdos, anticipaciones…)
• En la conducta (evitación, irritabilidad, búsqueda de compañía…)
Paso 3: Intensidad aproximada (0–10)
0 = apenas perceptible
10 = muy intensa
Anotar el número: _______
Parte 2. Comprender la función de la emoción
Una vez identificada, preguntarnos:
• ¿Qué intenta proteger o señalar esta emoción?
• ¿Qué necesidad puede haber detrás?
Orientación práctica:
• Miedo → Necesidad de seguridad o información.
• Tristeza → Necesidad de pausa, elaboración o apoyo.
• Enfado → Necesidad de límite o sensación de control.
• Alegría → Necesidad satisfecha, conexión o logro.
Entender la función evita luchar contra la emoción. Las emociones no son enemigas; son señales.
Parte 3. Estrategias de regulación específicas
Aquí incorporamos herramientas sencillas y diferenciadas según emoción predominante.
Si predomina el miedo
Objetivo: Reducir activación fisiológica y anticipación excesiva.
Estrategias:
• Respiración lenta y diafragmática (5 minutos).
• Limitar el tiempo de búsqueda de información médica.
• Diferenciar hechos de interpretaciones (“qué sé objetivamente” frente a “qué estoy imaginando”).
Evitar: anticipar escenarios extremos sin base real.
Si predomina la tristeza
Objetivo: Favorecer conexión y movimiento gradual.
Estrategias:
• Permitir el llanto si aparece.
• Mantener al menos una actividad estructurada al día.
• Contactar con una persona de confianza.
Evitar: aislamiento prolongado o abandono total de rutina.
Si predomina el enfado
Objetivo: Canalizar energía sin daño.
Estrategias:
• Identificar qué límite se ha sentido vulnerado.
• Expresar la emoción en primera persona (“me siento…”).
• Realizar actividad física moderada para descargar tensión.
Evitar: acumulación silenciosa o explosión desproporcionada.
Si predomina la alegría
Objetivo: Consolidar bienestar sin culpa.
Estrategias:
• Registrar qué facilitó ese momento.
• Compartirlo con alguien.
• Permitir la experiencia sin invalidarla.
Evitar: minimizarla por pensar que “no debería sentirme así”.
Parte 4. Señales de alerta
Al final de la semana, revisar:
• ¿Hay una emoción que predomina casi todos los días?
• ¿La intensidad suele ser superior a 7/10?
• ¿Interfiere en el sueño, la alimentación o las relaciones?
• ¿Siento que no puedo regularla pese a intentarlo?
Si la respuesta es afirmativa en varios puntos, es recomendable valorar apoyo profesional.
Conclusiones de la actividad
• El objetivo no es controlar completamente lo que sentimos. El objetivo es aumentar conciencia y recuperar capacidad de elección.
• Identificar con precisión reduce la confusión emocional. Comprender la función disminuye la lucha interna. Regular de forma adecuada favorece la adaptación.
• Las emociones básicas (miedo, tristeza, enfado y alegría) no son señales de que algo esté fallando. Son parte del proceso de vivir y adaptarse.
Jueves 26/03 - 18.00h. El taller es abierto y gratuito mediante este enlace de zoom.
Un programa con el apoyo de:



