ISIDRO

“He aprendido lo que realmente es importante" –Isidro

Hola, me llamo Isidro y también soy paciente de LMC. El año 2005 iba muy bien, hasta que recibí el peor diagnóstico de mi vida.

Hola, me llamo Isidro y también soy paciente de LMC.

El año 2005 iba muy bien. Mi esposa es de Gijón y yo soy de Loja en Granada, el año anterior nos habíamos casado por lo civil en mi tierra y como la cosa no había ido mal nos casamos por la iglesia en su tierra. El 24 de agosto, miércoles, era mi cumpleaños, íbamos a hacer una comida normalita y celebrar mi 41 cumpleaños en la cena. Estaba trabajando por la mañana cuando la secretaria del centro me dijo que tenía una llamada.

Unos días antes había ido a hacerme la revisión en la mutua, francamente por insistencia de mi mujer por que estaba hasta arriba de trabajo y no me apetecía perder tiempo. La llamada en cuestión era de la Dra. Eduarda para decirme que me remitía los resultados de mi analítica adonde yo le dijera y que me acercara a ver a mi médico de familia con ellos. Parecía preocupante pero como yo me encontraba bien tampoco me hice muchas cábalas. Llamé a mi esposa y nos fuimos al centro de salud.  Agosto, vacaciones de médicos, el mío entre ellos, cita de urgencias, espera, espera y espera. Le dije a mi mujer que se fuera a casa a terminar la comida por que tenía que irme a darle relevo a mi jefe para que fuera a comer (mala idea, nunca más lo he hecho, siempre juntos). La doctora que me atendió, fue un modelo de tacto, a bocajarro me soltó, al ver los análisis, que había tenido mala suerte, por que tenía cuatro posibles diagnósticos: error de laboratorio, un virus o lo más probable, cáncer o leucemia y me dijo que me fuera a Urgencias del hospital. No sé cómo, conseguí llamar a mi esposa y para allí que nos fuimos. El error de laboratorio se descartó con una nueva analítica, si en el primero tenía 19000 leucocitos, ahora iba por 40000. El virus también se descartó y a las once de la noche salimos de allí con cita para el lunes en el hospital de día de hematología.

Esos días fueron para mí un descenso a un pozo de desesperación y angustia. Mi esposa me decía que tenía que comprarme algún pantalón y algún polo para renovar vestuario y yo sólo acertaba a pensar que como me iba a morir mejor era que guardara el dinero para ella. Y en esta tortura llegó el lunes y allá que nos fuimos.

Nos recibió la Dra. Lucía Moratalla, una de mis ángeles. Me preguntó que cómo me encontraba y yo le dije que me dolía todo desde la punta del pelo hasta las uñas de los pies. Me dijo sonriendo que era un poco extraño por que la enfermedad que al 99% tenía era asintomática. Me dijo que prácticamente seguro tenía leucemia mieloide crónica, cromosoma Philadehphia y que en su mano (agitaba una caja de pastillas) tenía el medicamento milagro para mi. Fue un rayo de esperanza que se difuminó cuando dejó de mover la caja y pude ver el precio. Eran más de 3000 euros, ni de broma podía pagarlo. Se lo dije y tranquilizó diciéndome que afortunadamente estaba financiado y sólo pagaría un precio simbólico. Era el Imatinib, mi compañero durante doce años que, a veces parecía mi enemigo por lo que me ha machacado pero que ha sido mi amigo y me ha mantenido con vida. Cuando llegamos a casa, mi mujer, a escondidas buscó en internet (me lo contó tiempo después), sobre la LMC, no estaba muy actualizado y decía que el tratamiento era con Interferon y que la supervivencia era de cinco años. Apagó el ordenador, se dijo que eso no iba a pasar de ninguna manera y siguió pensando en la renovación de mi vestuario.

"Como dice Sole, si recaigo el Imatinib me está esperando y mientras eso no suceda mi cuerpo está descansando."

Entré en un estudio por la novedad del medicamento, me dieron un cuadernillo en el que había que apuntar todos los días cómo me sentía. Nos dijeron que nada de tener niños, nada de vacunas para mí pero todas para mi esposa, cuidado con exponerme a contagios hasta de un resfriado, etc. Como sabéis muchas de estas recomendaciones han cambiado fruto de la experiencia y la investigación. Ya sabéis lo que vino después: primero revisiones mensuales, extracciones de médula con el dichoso sacacorchos, luego bimensuales y finalmente trimestrales.

Todo fue muy bien y en diez meses ya tenía la remisión completa. En este proceso nos han acompañado muchas buenas personas, hemos sido muy afortunados mi esposa y yo. Mi segundo ángel de la guarda fue la Dra Pilar López que me trató hasta que se jubiló y la sustituyó otra maravilla de persona y profesional, el Doctor José Manuel Puerta que nos ha ayudado en todos los aspectos clínicos y lo que es más importante, a veces, personales. Y mi cuarto ángel de la guarda ha sido la sicóloga Sole, que algunos conocéis. Durante la enfermedad no necesité apoyo sicológico. Nada más tener el diagnóstico me trasladaron dos veces en el trabajo y afrontar nuevos retos mantuvo mi cabeza ocupada y mi mujer siempre estaba ahí, éramos uno, pero en 2016 a ella le detectaron un cáncer de mama y aunque ella lo llevó con gran entereza, yo no pude evitar venirme abajo. La Dra. López me recomendó que hablara con Sole y con gran esfuerzo me fue sacando a flote. Al año siguiente el Dr. Puerta me propuso la discontinuación, otra vez a un estudio. La verdad es que tuve muchas dudas porque pensaba que si recaía podía ser más grave pero la información del Dr. Puerta y el sentido común de Sole me animaron.

Como dice Sole, si recaigo el Imatinib me está esperando y mientras eso no suceda mi cuerpo está descansando. No fue un proceso fácil, mi cuerpo pedía su pastillita de las maneras más dolorosas, cada parte de mi cuerpo se ha quejado durante un año, pero luego fue aliviándose y ya llevo ocho años.

Espero que con mi experiencia os haya podido ayudar, siempre hay luz al final del túnel y la actitud es muy importante. Las cosas tienen la importancia que queramos darle y estos procesos nos enseñan lo que es verdaderamente importante y muchas veces las cosas pequeñas son las que nos proporcionan momentos felices y son las que debemos atesorar, lo que nos avinagra fuera y lo que nos hace sonreír se queda. Es nuestro privilegio poder escoger cómo queremos sentir y qué queremos que nos acompañe. Y sin ningún tipo de duda, siempre he contado con mi media naranja, mi mujer, la que me ha levantado muchas veces del pozo, la que me ha ayudado, me ayuda y me ayudará siempre, la que da sentido a la vida. Sin ella nada sería posible. Mil gracias, mi Susana.

Un abrazo para todos.


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